Centro Eros Sexual

Evolución de la Terapia Sexual

Gorka Fotografía • fotoimagencreativamx@gmail.com
Por: Juan Miguel Espinoza Ortiz

“Una mujer de buena familia, no busca el placer carnal,
Y en general es apática en lo que se refiere al goce sexual.
Su amor es físico o espiritual, no carnal, y su pasividad
Durante el coito demuestra cuanto le disgusta.
La lujuria rara vez forma parte de la personalidad femenina;
La mujer es la que preserva la castidad y la moral.”

Dr. O. A. Wall, 1932


Históricamente, para comprender como fueron evolucionando los conceptos sobre la Terapia sexológica, tendremos que recordar antecedentes como la época del puritanismo Victoriano, (que como acotación al margen, podemos decir que no era culpa de la Reina Victoria, incluso encontré la hipótesis de que cuando Victoria fue coronada, el puritanismo Victoriano ya iba en declive), además de que el menosprecio del sexo y el erotismo no era un fenómeno que se solo se daba en Inglaterra.

Realmente en todo el mundo y con el nacimiento de la ciencia moderna, se dio una tendencia a una sexualidad austera, sobria y prejuiciada, que sustituía los castigos del infierno por consecuencias mentales y físicas que denominaron patológicas. Las clases media y alta de esa sociedad Victoriana del siglo XIX reprimieron y aún castigaron toda referencia del deseo sexual, principalmente femenino, lo que trajo como consecuencia, que la pasión y los orgasmos femeninos principalmente, el clítoris, se consideraran inexistentes. 

Incluso dentro del matrimonio las mujeres no podían liberar su deseo sexual ni tener la mínima expresión de una respuesta erótica. Una esposa decente debía estar sexualmente dispuesta para el marido a toda hora, pero completamente desapasionada, si hacía movimientos durante el acto sexual se podría sospechar de ella o acusarla de ninfómana, lo que en Inglaterra y en Estados Unidos, podía justificar la extirpación quirúrgica del clítoris.

Estas costumbres o imposiciones sexuales victorianas alcanzaban grados podríamos decir ridículos, al punto de que por ejemplo en Londres y en estados unidos era delito que una mujer enseñara la pantorrilla, y que se consideraba de mal gusto darle en la comida a una mujer una pierna de pollo.

Obviamente esta obsesión por ocultar la sexualidad en la época victoriana trajo como consecuencia pensamientos sexuales obsesivos, conductas masculinas de poder y conductas femeninas de sumisión al mismo, en donde un hombre daba hasta la vida por indagar lo que tenía una mujer bajo la ropa, y al ser el “privilegiado” por saberlo, pasaba a ser el dueño del secreto, y de paso, de la mujer. Además de que esta represión alimento la fantasía sexual y por eso se fomentó la idea de la prostitución, se escribieron novelas eróticas, se hicieron dibujos “obscenos” y las primeras fotografías eran de mujeres desnudas y todo esto era un gran éxito de ventas, se escribieron grandes éxitos como “Memorias de una pulga” y “Las once mil vergas”, los libros de Sade también eran muy vendidos y desde luego la biblia estaba prohibida para el vulgo bajo pena de cárcel perpetua si la leían.

Los Abogados y los médicos eran los guardianes de las buenas costumbres femeninas, desde luego, todos ellos hombres. Los médicos tenían literatura exacta sobre la anatomía femenina, sin embargo, a pesar de ya saber que el clítoris y la vagina son órganos bastante sensibles, consideraban patológico el deseo femenino, Incluso recomendaban la ablación del clítoris en mujeres diagnosticadas con ninfomanía, como comente anteriormente.

El Dr. William Acton, de Inglaterra, que se consideraba una autoridad en temas sexuales redacto, en 1857, en un Manifiesto de Sexualidad, que “Las mejores madres, esposas y administradoras del hogar casi no conocen, o no se ven interesadas en las indulgencias sexuales. Sus únicas pasiones son el amor por el hogar, sus hijos y por las tareas domésticas. Una mujer de su casa casi no busca su gratificación sexual; se rinde ante el abrazo de su marido, principalmente para gratificarlo a él y para satisfacer su deseo de ser madre. La mujer casada no tiene ninguna intención de colocarse en el lugar de amante.

El Dr. Norteamericano, William Hammond, también opinaba que una mujer decente no sentía el mínimo placer durante el acto sexual. Este pensamiento medico justifico, en esta etapa de puritanismo como dice Foucault, la proliferación de cirugías “curativas” para doblegar las expresiones sexuales de las mujeres, tales como la histerectomía, la clitoridectomía y la cauterización del clítoris. Este abuso alcanzó su pico máximo con el Dr. Isaac Baker Brown, especialista en clitoridectomía y que decidía, junto con el marido, si una mujer tenía muy desarrollada su sexualidad, regularmente expresada por la masturbación o la solicitud frecuente de relaciones hacia su marido, con lo que la diagnosticaban como ninfomaníaca y quedaba “justificada la cirugía”.

Fue, precisamente en este auge de violencia represora, cuando se empezó a ver un cambio de actitud donde menos se pensaría, Un Clérigo católico francés, M Craisson, aprobó en 1870, que las mujeres alcanzaran el orgasmo manualmente si no lo habían conseguido con el coito. En su “Guía sobre problemas sexuales para los padres confesores” escribió “En caso de que el marido se retire después de la eyaculación sin que la mujer haya llegado al orgasmo, la esposa puede continuar frotándose con la mano, hasta alcanzar el clímax”.

Haciendo eco de las palabras de Michel Foucault, este régimen victoriano era “Una Inmensa gazmoñería que figuraría en el blasón de nuestra sexualidad contenida, muda, hipócrita” lo que hacía que la gente buscara de manera privada y oculta, además de obsesiva, el placer sexual. La norteamericana Clelia Duel Mosher, interrogo a 45 mujeres casadas, de las cuales treinta y cuatro aseguraban llegar al orgasmo, pero este informe se publicó casi 100 años después de elaborado, hasta 1980.

El médico británico Henry Havelock Ellis, convencido de la falacia puritana de la época Victoriana, publicó en 1918 su trabajo Studies in the psychology of sex, siendo la primera autoridad en sugerir que la reproducción y el sexo no estaban necesariamente conectados.

Ida Craddock, profesora norteamericana, fue la primera mujer en escribir un manual sexual llamado “La correcta vida matrimonial” donde con lujo de detalles explicaba cómo se podía estimular un pene y una vagina para un encuentro placentero y con orgasmos. Cabe comentar que esto fue motivo de encarcelamiento.

La Dra. Norteamericana Elizabeth Blackwell fue la primera en plantear, en 1902, que “el desenfrenado impulso de la lujuria física es tan importante en el hombre como en la mujer” y se refirió al orgasmo como “Espasmos Sexuales” y hablo de que el rol social no era lo más importante para la mujer sino la pasión. Sin embargo, los progresos más importantes en la historia del orgasmo femenino tuvieron ligar gracias a la Dra. Rachel P Maines, con su estudio de “La Tecnología del Orgasmo” (1899) en donde registraba los orgasmos auxiliados por los primeros vibradores eléctricos, inventados desde 1880.

Una de las propuestas positivas de principio del siglo 20 la hizo el entonces joven Psiquiatra Austriaco Sigmund Freud con el Psicoanálisis, en 1905 realizo un artículo “Tres ensayos sobre la Teoría de la sexualidad” en donde sentaba sin ser esa la intención, las bases para la psicología moderna. Aun con sus conceptos que para nuestros días estarían cargados de prejuicios, tales como el orgasmo clitorídeo inmaduro y el orgasmo vaginal maduro, la envidia del pene que tienen las mujeres y que la masturbación conducía hacia la frigidez y hacia el odio hacia sí mismo. Sin embargo, también propuso al orgasmo como algo que ambos sexos debían disfrutar libremente.

Margaret Sanger, en la primera mitad del siglo pasado, fue la primera mujer en hablar del control de la natalidad y se pronunció sobre el valor del sexo y el placer orgásmico.

Al terminar la segunda guerra mundial, un biólogo también de estados unidos, llamada Alfred Kinsey, rompió varios paradigmas y mitos sexuales, porque mediante la aplicación de miles de encuestas, describió de manera minuciosa las costumbres, experiencias, las inclinaciones y las practicas privadas en relación con la sexualidad de su generación, y expuso que eran muy diferentes a lo que se pensaba socialmente. Los informes de Kinsey prepararon el terreno para una concepción científica y más seria del conocimiento de la sexualidad y de la terapia sexual.

Uno de los estudios más importantes en la sexualidad lo hicieron el ginecólogo William Masters y la Medica Virginia Jonhson, que, mediante el uso de modelos directos humanos, propusieron un esquema de respuesta sexual de 4 fases, Excitación, Meseta, Orgasmo y Resolución, propusieron un esquema de terapia sexual para las diferentes disfunciones de la vida erótica y esta propuesta fue básicamente la aceptada a nivel mundial, solo enriquecida por otros autores.

En la década de los 60’s la Psiquiatra norteamericana Helen Singer Kaplan, hizo investigaciones clínicas con personas con disfunciones eróticas y propuso una terapia sexual dirigida a los síntomas en su Libro “La nueva terapia sexual«, y retomando el esquema de Masters y Jonhson, agrego el deseo antes de la excitación, haciendo una curva de 5 fases.

Posteriormente los mismos Masters y Johnson en la década de los 70’s le agregaron a la curva un periodo sin posibilidad de un nuevo estimulo que llamaron Periodo refractario, quedando la respuesta hasta hoy de 6 fases.

Es importante conocer el contexto histórico, para entender que la mayoría de las respuestas sexuales “anormales” que requieren terapia, son conductas socialmente condicionadas, Introyectos, ideas irracionales y conflictos no resueltos a lo largo de la vida con figuras significativas.

Las terapias son acompañamientos analíticos de las vivencias de las personas, para acompañar en el conocimiento y darse cuenta de los conflictos, temores, condicionamientos, bloqueadores del erotismo y muchos etcéteras, que pudieran estar en la raíz de los problemas sexuales.

Para el acompañamiento sexoterapeutico, se basa en sesiones, ejercicios vivenciales y tareas, toma de decisiones, etc, variando según el mismo terapeuta y las necesidades de la persona.

Termino agradeciendo la oportunidad de escribir en esta pagina y recomendando ampliamente, a quienes crean que les puede necesitar, que se permitan un proceso sexoterapeutico de vez en cuando, actualmente hay terapeutas muy capacitados.

BIBLIOGRAFIA:
1.- Barrios Martínez David, En las alas del placer, Edit. PAX México 2004
2.- Singer Kaplan Helen, La nueva Terapia Sexual, , T. I, Edit. Alianza, Madrid, España, 1984
3.- Margolis Jonathan, Historia Íntima del Orgasmo, Edit. EMECE Editores, Buenos Aires Argentina, 2004
4.- Bantman Béatrice, Breve Historia del Sexo, Edit. Paidós, Barcelona España 1998
5.- Foucault Michel, Historia de la Sexualidad, T. I, Edit. Siglo XXI 6.- Masters W. y Jonhson V: Kolodny Robert, La Sexualidad Humana, T 1 – 3, Edit. Grijalbo, S:A: Barcelona España, 1989.

Soy Juan Miguel Espinosa Ortiz médico cirujano, sexólogo y psicoterapeuta sexual.

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