Centro Eros Sexual

Ni hombres ni mujeres: Personas no binarias.

Por Andras Y. Hernández R.

Últimamente en algunos espacios se habla mucho de las personas no binarias y/o del lenguaje inclusivo(1), a veces con un tono acogedor y otras muchas veces con un tono de burla y/o de desvalorización. Algunas personas creen que es una moda pasajera, otras piensan que es una de esas “ocurrencias millenial”, y otras más, creen que es un reflejo de lo “perdida” que se encuentra la humanidad en este momento.

Pero, ¿quiénes son realmente las personas no binarias?, ¿son personas que viven con alguna enfermedad mental?, ¿son un mero invento de las juventudes actuales?, ¿hablar de las personas no binarias es un tema importante para el reconocimiento del derecho humano a la identidad?. Este texto pretende resolver estas incógnitas en aras del día de la visibilidad no binaria celebrado el pasado 14 de julio; para este texto se han tomado en cuenta posturas políticas, textos antiguos, algunas definiciones académicas y las experiencias de personas que se identifican como no binarias (incluyendo las propias al identificarme como tal).

Para empezar, ¿qué entendemos como persona no binaria?. Para explicarlo, tenemos que considerar algunas cosas previas: sexo no es lo mismo que género, y la identidad de género no es lo mismo que la expresión de género o la orientación
sexual.

Así mismo, estas características con las que contamos todas las personas, son independientes entre sí, por lo que ninguna es resultado de la otra, pudiendo existir una amplia gama de posibilidades y combinaciones.

Partiendo de lo anterior, una persona no binaria, es aquella que no se identifica total, exclusiva, única y/o permanentemente ni con el ser hombre ni con el ser mujer, lo que nos permite entonces, reconocer la existencia de muchísimas identidades de género y no sólo dos como nos lo han hecho creer al menos en esta cultura. Así mismo, podemos entender lo no binario como un paraguas que contempla múltiples identidades de género, por lo que hay muchas maneras de vivirse y expresarse como persona no binaria.

No binario

Cabe recalcar que una persona no binaria, puede o no querer modificar su cuerpo a través de dietas, ejercicio, cirugías y/o tratamiento de reemplazo hormonal y utilizar vestimenta considerada femenina, masculina o neutra sin que esto signifique que “gana o pierde puntos no binarie”. Ninguna transición2 es igual a otra, sin embargo, toda transición es válida y digna de reconocimiento.

Hasta este punto, ser una persona no binaria, ¿es entonces sinónimo de enfermedad mental?, la respuesta es no.

El 18 de junio del 2018 la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó la nueva clasificación internacional de enfermedades, el CIE-11, en donde no identificarse con el género asignado al nacer desaparece del capítulo de “trastornos de la personalidad y del comportamiento” y del subcapítulo “trastornos de la identidad de género”, ya que la genitalidad de una persona no determina su identidad de género. Es así que ser persona no binaria no es sinónimo de enfermedad, mucho menos sinónimo de necesidad de recibir un tratamiento para “curarlo”.

El sistema “sexo-género binarista (3) ” es una estructura bastante violenta, sí, violenta porque a nadie se nos pregunta en ningún momento de nuestra vida si estamos de acuerdo o no con ese género que se nos asignó al nacer, obligándonos a “encajar” en la sociedad por medio de la educación basada en los estereotipos de género (los cuales nos dicen cómo debemos lucir, vestirnos, pensar, actuar, reaccionar, ser, amar, etc. las personas, dividiéndonos en mujeres y hombres con sus respectivos permisos y prohibiciones) y que si no lo hacemos, independientemente de si somos trans o no, somos castigades socialmente de distintas maneras, como por ejemplo, a través de la discriminación, la violencia, la patologización (4), la invisibilización, la burla, la ridiculización, la censura, el rechazo, la negación, las violaciones correctivas(5) e incluso el asesinato, entre otros mecanismos, ya sea en la esfera pública o privada, como lo es la familia.

Las personas no binarias no estamos enfermas, más bien es este sistema violento el que nos enferma al intentar anular nuestra existencia y vivencias del mapa. Esto lo comento porque ni en México ni en muchos otros países existe alguna ley de identidad de género que reconozca nuestras identidades, es decir, tenemos imposibilitado nuestro derecho a la identidad al no poder rectificar nuestros documentos oficiales (INE, Curp, acta de nacimiento, pasaporte, etc.) con nuestro nombre elegido y nuestro género autopercibido, lo cual resulta en serios problemas para acceder a nuestro derecho de tener una educación no sexista, un empleo digno y una vivienda propia.

Considerando todo lo anterior, si las personas, independientemente de si somos binarias o no, llegamos a padecer depresión, ansiedad, dismorfia (6) u otro tipo de padecimiento emocional, no es por el hecho de ser trans o cisgénero, sino por la gran cantidad de violencia que tenemos que afrontar día con día dirigida hacia nuestra forma de ser, pensar y expresarnos, así como hacia nuestros cuerpos y nuestras vivencias.

Con respecto a la preguntas: ¿somos las personas no binarias un invento millenial?, ¿estamos a mitad de transición?, ¿sólo buscamos llamar la atención?.

Desde tiempos ancestrales, distintas culturas alrededor del mundo y en México, le rendían y le rinden culto a deidades no binarias e incluso, contemplaban y contemplan la existencia de más de dos géneros.

Dos casos emblemáticos que tenemos en nuestro país, son por ejemplo:

• Nuestra deidad ancestral mexica Ometéotl, que representaba la dualidad masculino-femenina que ocupaba el lugar más alto de los cielos, pues era padre y madre al mismo tiempo del universo y de todo lo que existe en él, suministrándolo de energía cósmica universal para su existencia y sustento.

• O bien, en Juchitán, una región zapoteca de Oaxaca, se reconoce desde tiempos antiguos un tercer género independiente a los géneros hombre y mujer llamado muxe, el cual representa a una persona nacida con pene y testículos como órganos sexuales, que asume roles considerados femeninos, ya sea en el ámbito social, sexual y/o personal, encargada de desempeñar funciones socialmente reconocidas, tales como cuidar de sus padres, de los niños y de los ancianos, realizar las tareas del hogar, heredar la autoridad moral de la abuela o de la madre de su familia cuando ésta fallece, volviéndose el elemento unificador de la familia, entre otras actividades.

Por otro lado, en el mundo existen varias culturas que contemplan más de dos géneros; algunos ejemplos son la comunidad Bugi en Indonesia, la comunidad Chukchi (conocida también como chukoto) ubicada en Siberia, el pueblo indígena milenario Navajo en Estados Unidos, la comunidad Hijra en la India, entre otros.

Teniendo este contexto histórico-cultural nacional e internacional, no podemos entonces, decir que las personas no binarias somos una moda del siglo XXI. Hemos estado presentes en muchas eras y en muchos lugares, sin embargo, tanto la religión como el sistema moral blanco europeo heterosexual cisgénero traído a nuestras tierras, nos obligó a escondernos, a limitarnos, a negarnos, a desaparecer; no obstante, con el desarrollo de la tecnología, poco a poco hemos podido recuperar información de nuestros antepasados, cuestionarnos reglamentaciones hegemónicas sostenidas por años, actualizar nuestra terminología,
contactarnos con otras personas “del otro lado del mundo”, entre otras cosas, dándonos la oportunidad de existir de otras formas y redescubrirnos.

Pronombres

En relación con el pronombre neutro “elle” que he estado utilizando a propósito en todo este texto y del cual quizás te hayas percatado, lo he utilizado con la intención de reconocer el derecho a la identidad y al reconocimiento que todas las personas tenemos, pues no toda la gente nos sentimos cómoda ni reconocida con los pronombres femeninos o masculinos (“él”/”ella”), por lo tanto, se tiene que utilizar un pronombre que nos contemple en el lenguaje, porque de lo contrario, “lo que no se nombra, no existe”, y es así que empezamos con los problemas serios de invisibilización y discriminación de las personas.

Si estás pensando que es ridículo que “irrespetemos el lenguaje de ese modo” porque el pronombre masculino es neutro, déjame recordarte que históricamente este pronombre ha estado mayoritariamente ligado a las personas que se identifican como hombres, los cuales han tenido el poder en el mundo a través del machismo desde tiempos antiguos, invisibilizando y violentando (7) a las mujeres y a las personas con otras orientaciones sexoafectivas, identidades y expresiones de género, no sólo en la esfera pública y privada, sino también a través del lenguaje; es por esto, que para transformar estas formas violentas en la comunicación y no dejar a nadie fuera en el uso del lenguaje, se ha propuesto el uso de nuevos pronombres realmente neutros de forma oral y escrita alrededor de todo el mundo, no sólo aquí en México, por ejemplo, en Suecia, que incorporó en 2015 formalmente en sus legislaturas el pronombre , o países anglohablantes como Estados Unidos de América, Canadá y Reino Unido que a partir del mismo año comenzaron a incorporar en sus medios de comunicación el pronombre en singular para referirse a las personas no binarias.

Si estos avances a nivel mundial no son suficientes para validar la importancia que tiene la creación de un pronombre realmente neutro que no tenga connotación masculina, te recuerdo que el lenguaje todo el tiempo se está modificando para poder adaptarse a la era actual, ya que no puede quedarse estático todo el tiempo.

Transformaciones que ha tenido la lengua, son por ejemplo las palabras “internet”, “emoji”, “web”, “stalkear”, “twittear”, etc., las cuales en la antigüedad para nada hubieran sido contempladas porque no había necesidad de hacerlo, pero en la actualidad no podríamos imaginarnos sin usarlas. ¿Por qué entonces se arma tanto alboroto por un pronombre?, ¿acaso es más importante lo que dice una institución machista (desde su creación en 1713 no ha tenido nunca una directora mujer) y extranjera (la Real Academia de la Lengua Española, RAE) que ya no tiene ingerencia sobre nosotres porque México se independizó de España en 1810, que validar la identidad de género de las personas?

Nombrar a las personas en el lenguaje, es respetar su derecho al reconocimiento y a la
identidad, por lo que no hay pretexto válido para anular estos derechos.

Si a una persona le cuesta trabajo utilizar el pronombre neutro y con ello el lenguaje inclusivo, no hay cosa mejor que pueda recomendarle, que practicar. Para volverse experte en algo, la única forma para lograrlo, es practicando. No se trata de algo meramente académico o que privilegie a la otra persona, se trata de la empatía que podemos reflejar y desarrollar por ella a través del lenguaje.

A manera de conclusión, las personas no binarias existimos e importamos. Somos personas y merecemos los mismos derechos que cualquier otra persona, ni más ni menos.

¡Existimos y resistimos!

1 Lenguaje inclusivo: lenguaje que contempla los pronombres neutros para visibilizar la existencia de otras identidades de género que no se identifican con los pronombres femeninos o masculinos, evitando así, caer en el sexismo dentro del lenguaje.

2 Transición: paso, transformación o cambio de un género a otro.

3 Sistema sexo-género binarista: obligación social que toda persona tiene de colocarle, ya sea el género mujer u hombre, a otra persona basándose en el sexo de ésta.

4 Patologización: colocar una característica, actitud y/o conducta de una persona o grupo de personas en la categoría de “enfermedad”, teniendo o no argumentos válidos suficientes.

5 Violación correctiva: mantener relaciones sexuales con una persona sin su consentimiento con el objetivo de “hacerla suficientemente” mujer u hombre.

6 Dismorfia: preocupación y/o rechazo constante por un defecto percibido en alguna característica física corporal.

7 Realice un análisis minucioso de las “groserías” que usualmente utilizamos en México; se dará cuenta de que la mayoría contemplan el pronombre femenino. Ejemplos: “estar hasta la madre”, “ve y chinga a tu madre”, “ya valió madres”, “chingadera”, “madriza”, etc.

Andras

Psic. Andras Y. Hernández R. es licenciade por la facultad de psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, psicoterapeuta especialista en la prevención de la violencia de género, la educación sexual integral y en disidencias sexogenéricas. Es coordinadore y fundadore del Colectivo Resistencia No Binarix para personas trans no binarias, curadore de la primera exposición artística sobre personas no binarias en México, “Antal: universo no binarix”, promotore de los derechos humanos de las poblaciones LGBTIAQ+ y cofundadore de Psicoterapia Danco, un espacio para el cuidado de la salud mental principalmente de las poblaciones disidentes. Desde hace más de 10 años ha colaborado de manera independiente en distintas iniciativas de ley para el reconocimiento de los derechos humanos de las poblaciones LGBTIQ+, así como en diferentes espacios brindando talleres, pláticas, capacitaciones y psicoterapia a la población en general.

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