Centro Eros Sexual

Una historia que se repite.

Por: Esmeralda López Guzmán

Mi mamá constantemente me decía que me cuidara, lo recuerdo desde que tenía 5 años, la verdad es que nunca me dijo como cuidarme, ni de qué  o de  quién debería de cuidarme, por aquella época otra consigna muy marcada de mi madre era la obediencia;  yo tenía que obedecer a todos, sobre todo a los adultos, así que a los 5-6 años viví un abuso  sexual, no le conté a nadie, más tarde cuando yo tenía 6-7 años mi hermana menor fue violada, ella si le dijo a mi mamá.
Por aquella época por cuestión de trabajo de mi mamá pasábamos mucho tiempo en la casa del violador de mi hermana, mi mamá y la esposa de  esta  persona trabajaban vendiendo comida y el señor se quedaba en casa con los niños, sus hijos y nosotros,  en aquel punto yo no entendía porque seguíamos ahí, después de lo que había pasado, así que a mí corta edad , le cuestione a mi madre y su respuesta fue : » ya hablamos con él (la  esposa  de él y mi madre) y prometió que no volvería a pasar.» Yo me decía :» como le puedes creer».
Hoy entiendo que mi mamá no tenía redes de apoyo, no tenía familia, ni amigos y tampoco teníamos una casa para vivir .
Así que continuamos ahí por un tiempo más.
Cuando cumplí 15 años , un vecino le pidió permiso a mi mamá para ir por mi a la salida de la secundaria, a lo que mi mamá dijo que sí, ella mencionaba constantemente que era un buen chico, que tenía casa y me obligaba a platicar con el.
Al poco tiempo  él me dijo que estaba enfermo del corazón y que se iba a morir, con ese chantaje comencé a tener relaciones sexuales con él, cuando yo me negaba, el se tiraba al suelo, se convulsionaba ,hasta que yo cedía, aproximadamente a los 20 años cansada de su manipulación ( hoy se que eso era) le dije que llamaría a sus padres y mágicamente sus convulsiones cesaron.
El último abuso lo viví cerca de los 40-45 años , yo había asistido a un grupo terapéutico y en una ocasión previa ya había abierto los abusos vividos y que quería perdonar a esas personas.
‌La persona que dirigía el grupo me pidió que me quedara porque quería hacer un ejercicio conmigo, yo accedí y en algún momento me sentí incomoda con sus acercamientos y lo que me estaba diciendo, yo me decía: ‌»es una persona que se dedica a sanar,» ‌»les comenté los abusos vividos en mi infancia», ‌»le dije que quiero perdonar a los abusadores», ‌»él sabe lo que hace», ‌»yo tengo problemas en el área sexual, tal vez no estoy distinguiendo bien»; hasta que hubo un momento en que ya no tuve ninguna duda, me estaba tocando de manera inapropiada.
Me salí del lugar, afuera, aún estaban todos, no supe que hacer, estaba muy confundida, temía realizar un escándalo, entre los asistentes estaba mi expareja, solo me acerque a él , sin decirle nada. 
El clímax llegó dos días después,  cuando mi hija de 13 años me dijo que le habían ofrecido trabajar repartiendo volantes de casa en casa , me puse muy mal , le grite que no iba a salir, que no podía andar por la calle , en ese momento me di cuánta que no estaba bien y que necesitaba de apoyo profesional.
Me contacte con una psicóloga y al realizar un ejercicio me di cuenta que aún seguía siendo esa niña de 5 años, temerosa, que no podía expresarse y que debía obedecer como le habían enseñado.
Esa niña de 5 años que desconocía muchas cosas, que identificaba que no se sentía cómoda con lo que pasaba, pero no podía ponerle un nombre a ese sentimiento.
Esa niña de 5 años que aún no tenía muchas herramientas para hacerle frente a la vida y a los abusos.
Mi mamá  en su gran afán por protegernos, no nos permitió tener amigos, acudir a fiestas o reuniones, quería protegernos, pero no sabía cómo y no lo sabía, porque ella también fue abusada y violada.
‌La historia anterior nos permite reflexionar sobre la importancia de dar y recibir educación en el área de la sexualidad desde una edad temprana, para prevenir abusos sexuales. Recordemos que la sexualidad forma parte de nosotros desde que nacemos hasta el momento de nuestra muerte, nuestra sexualidad incluye, la erección del pene del recién nacido al cambiarle el pañal, un niño de 4 años que pregunta:» porque te creció la panza» (en embarazo), una niña de 3 años que señala sus genitales externos  y los de su hermanito y pregunta ¿Por qué » yo no tengo uno de esos?» ‌hasta llegar a la adolescencia con los cambios físicos, cognitivos, sociales, hormonales, que generan tantas dudas y confusión en los jóvenes, sobre los cambios que les están  ocurriendo y si no tienen la información adecuada los hace vulnerables a vivir experiencias desagradables, embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, etc., ‌algunos jóvenes consideran que las personas mayores en algún punto se convierten en seres asexuados, nada más lejos de la realidad, las personas mayores pueden seguir disfrutando de su sexualidad, es cierto que ya no hay la misma energía que a los 20s , pero como dije anteriormente la sexualidad nos acompaña a lo largo de nuestra vida.
Algunas sugerencias en el camino de la educación sexual, en la infancia que aporte un apoyo en la prevención de posibles abusos sexuales. 
1.- Dar  información y está debe ser oportuna clara. Los niños son perfectamente capaces de entender la información, si se les proporciona de manera clara, tomando en cuenta la edad que tienen.
2.- Al hablar con los pequeños decir el nombre correcto de los genitales, vulva, pene,etc.
3.- La educación sexual es una responsabilidad que corresponde a los padres de familia y un tema  dentro de la educación sexual ,es hablar sobre prevención de abuso sexual. Si no sabe o tiene inconveniente de hablar sobre cierto tema, es válido solicitar ayuda especializada, así que se pueden acercar a un pediatra, ginecóloga, médico, psicólogo, etc.  que pudiera facilitar la información.
4.- Enseñarle a diferenciar  un juego  de un probable  abuso sexual, (cuando no se siente cómoda o cómodo cerca de cierta persona, cuando no le gusta como le miran, cuando algunos contactos físicos le resultan molestos.
5.- Crear un vínculo de confianza  para que el menor pueda acercarse cuando tenga una duda. Saber que puede contar y confiar en alguien que le permite expresar sus dudas e inquietudes.
6.- Lo ideal sería que está persona de confianza fuera alguno de los padres o miembro de la familia. De no tenerlo en casa, siempre hay una opción, algún profesor , con quién tenga la seguridad de expresarse.
7.- Es válido por parte del adulto aceptar que se desconoce cierta información o no se siente cómodo al hablar al respecto, pero que buscará a la persona adecuada (profesional) para disipar las  dudas de los pequeños.
Me gustaría concluir mencionando que es un tema importante de tocar, con los pequeños. 

Hablarlo, sin miedo, sin culpa, sin tabús, sin pena, y sin prejuicios.

Soy Esmeralda López Guzmán, maestra en psicoterapia transpersonal, psicóloga clínica, diplomada en tanatología, cuidados paliativos, terapia sexual y terapia de pareja.

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